S?bado, 30 de marzo de 2013

Luz de mis sueños, amada mía:

Hoy se abrió la mañana como un espasmo. Descorrieron los visillos del sueño un tropel de musas embaucadoras. Han violado mi espacio de felicidad, allí donde tu habitas en concierto mágico con mi existencia.

Me ha dolido volver al mundo, sin despedirme de ti, así de sopetón y con las heridas abiertas por tu ausencia, bocarriba y sangrantes.

Me han abandonado los querubines del nirvana, huyendo despavoridos ante la magnitud de mi tormento, incapaces de consolarme la vida y temerosos de perecer  ante la riada de lágrimas que se avecina.

Necesito respirar de tu boca, mirar con tus ojos, caminar asido a tus manos como indefensa criatura sin destetar. Necesito secarme el sudor mustio del olvido con el confort de tus cabellos, mecerme en la tersura de tu cobijo, embriagarme con el aroma confidencial de tu aliento.

Prefiéreme, te lo suplico, a todas las criaturas del universo. Soy yo quien  más te ama y quien mejor defenderá nuestro baluarte, soy el más celoso guardián de tus encantos, el muyahidín de tu alcazaba, el cardenal supremo del sínodo eterno para el amor.

Ámame como yo te amo, susúrrame desde cerca palabras dulces que alimenten mi alma desconsolada.

Hoy, desde que comencé a caminar, llevo sobre mí una multitud de pajarracos revoloteando en coro, esperando que desfallezca para devorarme el corazón henchido de amor, huérfano de ti que se me llevó la distancia y huele...duele, muele y remuele mis anhelos hasta las cumbres nebulosas del deseo.

Hoy, casi sin vida, si es que esto es vida, reclamo a voz en grito que retornen los forillos del sueño y me devuelvan sus historias tan gozosas y generosas, siendo tú la protagonista y yo el galán que te adora.

Hoy quiero soñar llevándote sobre mi montura en un cimarrón invencible, negro como el azabache, reluciente y brioso como ningún otro, galopando por los horizontes infinitos del amor y que los vientos revuelvan tus cabellos con la brisa de los campos en flor hasta llevarnos al vergel abandonado por Eva. Allí pediremos al Eterno que nos conceda el derecho a propiedad perpetua de nuestra morada gloriosa.

Ciérrame los ojos, cuando desde los tuyos se derrame la lágrima que necesito para firmar ésta carta que te remito, apasionado, como el beso que la sella.                  

 


Publicado por elderbi1954 @ 11:53
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