miércoles, 04 de marzo de 2009

 

 

Ha dejado de soplar el viento

con tanta fuerza

que parecía una maldición.

También el cielo ha recogido

su oscuro manto de nubes

como angustiosas pesadillas.


Mientras duró la tormenta

nadie brincaba por las calles

anegadas y solitarias.

Las cristaleras empañadas

permitieron dibujar con el dedo

algunos corazones atravesados

con su flecha enamorada.

Las bombillas parpadearon

al paso de los ángeles custodios

por la estancia mortecina.


En las tabernas se recogieron

los compadres para rellenar

sus botellas medio vacías.

Quienes tenían el amor al lado

aprovecharon para sobarse

escondiendo las manos

o se sacudieron en el catre

alargando la coyunda un poco más.


No creo que a las iglesias

acudieran los parroquianos

implorando piedad,

ni que los alguaciles

salieran a distribuir

su particular inquisición.


Cada alcoba fue un refugio

para las almas asiduas

buscando a sus dueños.

Un espíritu sigiloso

fue borrando todas las huellas

olvidadas sobre las aceras.

Para nadie pasó desapercibido

el recreo de las musas

y su chaparrón de nostalgias.


Estas cosas pasan

cuando los dioses se distraen

y dejan de organizarnos la vida.

 


Publicado por elderbi1954 @ 18:15
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Comentarios
Publicado por Blancatez
lunes, 31 de agosto de 2009 | 20:27
Es un hermoso poema que ha despertado mi nostalgia y he vuelto a ésa tarde mágica, gracias a tus versos. Es muy emocionante lo que escribes. Te deseo suerte y gracias, de nuevo.