martes, 02 de diciembre de 2008

 

 

No podía dormir

y me levanté de la cama

decidido a tirar mis agobios

por la ventana.

 

Cuando la noche imponente

me dio de lleno en la cara,

flaquearon mis fuerzas todas

e impávido sentí

cómo la más grande

de las angustias inventadas

se colaba descaradamente

por mi corazón hasta las entrañas

sin que pudiera

hacer nada por evitarlo.

 

Me quedé clavado,

sorprendido por la vergüenza,

amordazado por la cobardía.

Ni suspirar, siquiera, me dejaron

las huestes compasivas

que también abandonaron

su morada que es la mia.

 

Desesperado, miré la luna

buscando, como siempre,

tu rostro reflejado

y se me reventaron los ojos

porque no te veía.

 

No sé si podré resistir

los envites del olvido,

ni que por decir adiós

se me haya secado la lengua,

ni me salga la voz,

ni ya endulcen mis labios.

 

No podré olvidar jamás

tu paso por mi vida,

ni encontrar la paz

que contigo se ha ido,

ni ése quiebro al destino

que ambos le hicimos

para inventarnos el nuestro.

 

No sabes cuanto me duele

haberme bajado del tren

a mitad del camino,

muerto de miedo y sin fe,

de espaldas como un cretino,

inseguro, sin motivos,

triste, torpe y malherido.

 

No sabes cuanto me arrepiento

de haber soltado tu mano,

de haber abandonado el viaje

hacia nuestros sueños,

de culpar a la distancia y al tiempo

mientras me rendía sin esfuerzo.

 

Ahora me acuesto bocabajo

por si me muero entrevelas

escarbar mas profundo, si cabe

hasta hundirme en lo siniestro

y pagar allí la penitencia

que aquí no puedo.

 

Deseo que se te escape

ese pañuelo que agitas

mientras te alejas,

que el aire me lo traiga

para envolver tu recuerdo

y, si algún dia regresas,

enarbolarlo como bandera

sobre esta misma tierra

en la que estoy clavado.

 

Posiblemente lograré dormir

cuando vuelvas, si vuelves

y ojalá, para entonces,

no me haya muerto

y tenga que lamentarlo de nuevo.

 

Mientras tanto, aquí te espero

lamiéndome las heridas,

bien atado a mis raíces,

viendo cómo pasa la vida,

hostil destino cicatero

para tanta fortuna perdida.

 

 

 

 

 

 


Publicado por elderbi1954 @ 19:48
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Comentarios
Publicado por Invitado
martes, 02 de diciembre de 2008 | 20:04
Me siento identificada con su poema porque hace poco también me bajé de un tren y ahora me arrepiento. Parece que me lo hubiera dedicado. Es la primera vez que leo sus publicaciones y opino que su poesia es brillante,muy sincera e intensa. Enhorabuena.
Publicado por Carlos Lanaspa
jueves, 18 de diciembre de 2008 | 18:42
Es un buen poema, muy fresco y natural, pero necesita un toque de maestria para merecer la pena.Se nota que es el final de algo y no profundizas como en otras ocasiones.