Sobre nubes de nácares flotantes
vimos el lejano paisaje de la tarde.
En las alas de un suspiro, comulgamos
entrevelas de insípidos anhelos
y no decirle nada a nadie,
porque no había nada que contar
salvo que, tan sólo, por un instante,
la luz del infinito puso raíles
sobre las piedras húmedas del paisaje.
Barcelona 22/02/2008
Tags: Poesía y Literatura