S?bado, 30 de marzo de 2013

Luz de mis sueños, amada mía:

Hoy se abrió la mañana como un espasmo. Descorrieron los visillos del sueño un tropel de musas embaucadoras. Han violado mi espacio de felicidad, allí donde tu habitas en concierto mágico con mi existencia.

Me ha dolido volver al mundo, sin despedirme de ti, así de sopetón y con las heridas abiertas por tu ausencia, bocarriba y sangrantes.

Me han abandonado los querubines del nirvana, huyendo despavoridos ante la magnitud de mi tormento, incapaces de consolarme la vida y temerosos de perecer  ante la riada de lágrimas que se avecina.

Necesito respirar de tu boca, mirar con tus ojos, caminar asido a tus manos como indefensa criatura sin destetar. Necesito secarme el sudor mustio del olvido con el confort de tus cabellos, mecerme en la tersura de tu cobijo, embriagarme con el aroma confidencial de tu aliento.

Prefiéreme, te lo suplico, a todas las criaturas del universo. Soy yo quien  más te ama y quien mejor defenderá nuestro baluarte, soy el más celoso guardián de tus encantos, el muyahidín de tu alcazaba, el cardenal supremo del sínodo eterno para el amor.

Ámame como yo te amo, susúrrame desde cerca palabras dulces que alimenten mi alma desconsolada.

Hoy, desde que comencé a caminar, llevo sobre mí una multitud de pajarracos revoloteando en coro, esperando que desfallezca para devorarme el corazón henchido de amor, huérfano de ti que se me llevó la distancia y huele...duele, muele y remuele mis anhelos hasta las cumbres nebulosas del deseo.

Hoy, casi sin vida, si es que esto es vida, reclamo a voz en grito que retornen los forillos del sueño y me devuelvan sus historias tan gozosas y generosas, siendo tú la protagonista y yo el galán que te adora.

Hoy quiero soñar llevándote sobre mi montura en un cimarrón invencible, negro como el azabache, reluciente y brioso como ningún otro, galopando por los horizontes infinitos del amor y que los vientos revuelvan tus cabellos con la brisa de los campos en flor hasta llevarnos al vergel abandonado por Eva. Allí pediremos al Eterno que nos conceda el derecho a propiedad perpetua de nuestra morada gloriosa.

Ciérrame los ojos, cuando desde los tuyos se derrame la lágrima que necesito para firmar ésta carta que te remito, apasionado, como el beso que la sella.                  

 


Publicado por elderbi1954 @ 11:53
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A Rosa Isabel

 

  

Por las calles empinadas

de Fuenteheridos, con luna nueva

van trotando dos corazones

cogidos de la mano.

Uno vas rastreando las orillas

de los balcones ancestrales,

el otro va mirando las estrellas

recolgadas en la noche.

 

El frescor de la serranía

ruboriza las mejillas

de la niña con piel de nácar

y el galán que la corteja

vá espantando los suspiros

no sea que se caiga.

 

Por cada esquina trambuscada

un beso se les escapa

y los faroles somnolientos

despabilan su llama

para alumbrarles el alma.

 

Los estanques con su rumor

ponen música sobre las sombras 

-querubines celosos

que del cielo han bajado-.

  

Una leve brisa revoltosa

mece a la niña su melena

y desde las macetas saltan

los jazmines galantes

para posárseles en la cabeza..

 

La niña parece que baila

por las calles empedradas.

Mientras las suben y bajan

los luceros les acompañan.

 

Le brillan los ojos

a la niña con piel de nácar.

Lleva en su labios

sonrisas blancas

que su galán le regala

y como loca

que se escapa

sale corriendo hacia el alba.

 

¡Que bonita vá la niña

con los jazmines en el pelo,

la sonrisa en su boca

y su piel de nácar

luciendo por la mañana!


Publicado por elderbi1954 @ 11:19
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Jueves, 12 de agosto de 2010

?? Mira tu cara

reflejada en el espejo,

ver?s lo que la vida

es capaz de hacer contigo !!


Publicado por elderbi1954 @ 21:03
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Lunes, 01 de febrero de 2010





...qu? fr?as traes las manos

y turbia la mirada

desde tus cuencas profundas.

?

...qu? infelizmente desdibujada

la sonrisa c?nica de tu cara.

?

...qu? amplia tu capa negra

abierta y maldita sobre la espalda,

borrando con su sombra mi esperanza.

?

...qu? bruscos los cascos de tu doncel

buscando destrozarme la vida,

rabioso, implacable y cruel.

?

Dama de los horizontes malditos...

En esta hora de soledad inmensa

no quieras regalarme tu compa??a,

cortesana de mis miedos infinitos,

permite, por una sola vez, que sea yo

quien determine el momento preciso

en que se me trague la tierra,

por ?se siniestro hueco negro

-como si tu boca negra fuera-

para descansar los maltrechos huesos

y, por fin, volver al polvo inefable

del que jam?s deb? haber salido.


Publicado por elderbi1954 @ 18:26
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Mi?rcoles, 04 de marzo de 2009

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?

Ha dejado de soplar el viento

con tanta fuerza

que parec?a una maldici?n.

Tambi?n el cielo ha recogido

su oscuro manto de nubes

como angustiosas pesadillas.


Mientras dur? la tormenta

nadie brincaba por las calles

anegadas y solitarias.

Las cristaleras empa?adas

permitieron dibujar con el dedo

algunos corazones atravesados

con su flecha enamorada.

Las bombillas parpadearon

al paso de los ?ngeles custodios

por la estancia mortecina.


En las tabernas se recogieron

los compadres para rellenar

sus botellas medio vac?as.

Quienes ten?an el amor al lado

aprovecharon para sobarse

escondiendo las manos

o se sacudieron en el catre

alargando la coyunda un poco m?s.


No creo que a las iglesias

acudieran los parroquianos

implorando piedad,

ni que los alguaciles

salieran a distribuir

su particular inquisici?n.


Cada alcoba fue un refugio

para las almas asiduas

buscando a sus due?os.

Un esp?ritu sigiloso

fue borrando todas las huellas

olvidadas sobre las aceras.

Para nadie pas? desapercibido

el recreo de las musas

y su chaparr?n de nostalgias.


Estas cosas pasan

cuando los dioses se distraen

y dejan de organizarnos la vida.

?


Publicado por elderbi1954 @ 18:15
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Martes, 02 de diciembre de 2008

?

?

No pod?a dormir

y me levant? de la cama

decidido a tirar mis agobios

por la ventana.

?

Cuando la noche imponente

me dio de lleno en la cara,

flaquearon mis fuerzas todas

e imp?vido sent?

c?mo la m?s grande

de las angustias inventadas

se colaba descaradamente

por mi coraz?n hasta las entra?as

sin que pudiera

hacer nada por evitarlo.

?

Me qued? clavado,

sorprendido por la verg?enza,

amordazado por la cobard?a.

Ni suspirar, siquiera, me dejaron

las huestes compasivas

que tambi?n abandonaron

su morada que es la mia.

?

Desesperado, mir? la luna

buscando, como siempre,

tu rostro reflejado

y se me reventaron los ojos

porque no te ve?a.

?

No s? si podr? resistir

los envites del olvido,

ni que por decir adi?s

se me haya secado la lengua,

ni me salga la voz,

ni ya endulcen mis labios.

?

No podr? olvidar jam?s

tu paso por mi vida,

ni encontrar la paz

que contigo se ha ido,

ni ?se quiebro al destino

que ambos le hicimos

para inventarnos el nuestro.

?

No sabes cuanto me duele

haberme bajado del tren

a mitad del camino,

muerto de miedo y sin fe,

de espaldas como un cretino,

inseguro, sin motivos,

triste, torpe y malherido.

?

No sabes cuanto me arrepiento

de haber soltado tu mano,

de haber abandonado el viaje

hacia nuestros sue?os,

de culpar a la distancia y al tiempo

mientras me rend?a sin esfuerzo.

?

Ahora me acuesto bocabajo

por si me muero entrevelas

escarbar mas profundo, si cabe

hasta hundirme en lo siniestro

y pagar all? la penitencia

que aqu? no puedo.

?

Deseo que se te escape

ese pa?uelo que agitas

mientras te alejas,

que el aire me lo traiga

para envolver tu recuerdo

y, si alg?n dia regresas,

enarbolarlo como bandera

sobre esta misma tierra

en la que estoy clavado.

?

Posiblemente lograr? dormir

cuando vuelvas, si vuelves

y ojal?, para entonces,

no me haya muerto

y tenga que lamentarlo de nuevo.

?

Mientras tanto, aqu? te espero

lami?ndome las heridas,

bien atado a mis ra?ces,

viendo c?mo pasa la vida,

hostil destino cicatero

para tanta fortuna perdida.

?

?

?

?

?

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Publicado por elderbi1954 @ 19:48
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Lunes, 06 de octubre de 2008

(Acr?stico)


L
uces en tus ojos
Acechan la inh?spita verg?enza
Como animales sin conciencia
Rumiando los goces del amor.
Ante tu sombra, contemplas
Mi orgullo, silenciosa,
Ignorante y pretenciosa
Olvid?ndo en ella tu rubor.
?mame tal como lo sientes??
R?ete ... simplemente,
A pesar de tan profundo dolor.?


Publicado por elderbi1954 @ 14:27
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Jueves, 31 de julio de 2008
Lunes, 23 de junio de 2008




?

Este caminar azorado

por la empinada cuesta de la vida

se hace cada vez m?s pesado.

Casi ni puedo respirar,

seg?n van pasando los d?as

sobre mis hombros cargando.

?

Por detr?s voy sembrando

una retah?la de huellas fr?as

que mis pasos van dejando.

?

Tambi?n se me van cayendo

algunos sue?os medio secos

que ya no aguantan a mi lado.

?

Oigo como se instalan

en la vereda, mis pasos huecos.

?

Bebo del imposible amor

que llevo fresco en las alforjas

para aliviar mis tormentos.

?

Recito en versos mi dolor

y los escribo sobre las hojas

que me salen al encuentro.

?

Por m?s que lo intento

no consigo divisar el horizonte,

ni encontrar el mar

hacia donde van mis l?grimas.

?

Tampoco he visto

un solo letrero por el camino

indicando la encrucijada definitiva.

?

Pero por estos pasos huecos

que tanto me pesan,

tan cargado de silencios

y verdugos de mi conciencia,

s? que me v? sangrando la herida

resbal?ndose como un reguero,

dej?ndome a casa paso

mas cerca de estar muerto

de tan abierta como la tengo.

?

As? son las cosas al final de la vida.

?

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Publicado por elderbi1954 @ 21:14
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Lunes, 14 de abril de 2008

?

??

?Gotas de l?grimas dulces

chorrean por mis mejillas

cuando te miro entre las s?banas,

revuelta, libre y hermosa.

?

A veces me hacen cosquillas

y me escuece algunas otras,

pero nada tanto me conmueve

como la transparencia de tu piel

en brazos de la luminosa ma?ana,

cuando despabilas al nuevo d?a

y haces bailar tus dedos entre las manos

al comp?s de los bostezos por alegr?as

que parecen tallos de rosas tempranas

adornando los jardines de mi alma.

?

Tu piel es como de hojitas tiernas

salpicada de l?grimas dulces

que se derraman de mis linternas,

es como el fresco beso del alba

que se cuela por la ventana

para despertarnos los sue?os

y guardar la luna blanca.

?

La fortuna me ha regalado

la preciosa copa de tu labios

para beber en ellos el n?ctar

embriagador de mis l?grimas dulces

y la cornisa noble de tus pechos

para, desde all?, lanzarme al hueco

?ntegro de mi perdido juicio

y poder secar las l?grimas amargas

huidas de mis ojos, sin derechos.





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Publicado por elderbi1954 @ 21:12
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Martes, 25 de marzo de 2008


(A mi buen amigo Lolete "El Poeta")


T?, abrazado a la?guitarra son?mbula,
yo desgranando versos instant?neos.
As? fuimos salt?ndonos las horas
hasta la llegada del alba.

?bamos recitando la vida
a golpe de emociones y palmas
con el coraz?n?desnudo,
sin?prisas que nos acuciaran el alma.

Camin?bamos por la vereda del tiempo
sin el manual de supervivencia
que no nos dieron al nacer,
buscando cada uno su sombra
para sentarnos a descansar.

As? pas?bamos por la historia
como perros sin due?o,
hasta llegada la hora de hacer cuentas
y entonces ca?mos en la memoria
que la noche nos debe sue?o.



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Publicado por elderbi1954 @ 20:22
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A veces me pregunto
donde est? mi casa y mi futuro,
cu?l es mi hogar.

A veces pienso
que mi hogar est?
donde est?n mis vivos, mis recuerdos,
mi familia, mis sue?os y mis muertos.

A veces me d?miedo
cambiar de tierra y costumbres,
buscando el futuro
y la felicidad a la que tengo derecho.

A veces me sobresalta
saber que vendr? de todas formas,
inexorable la muerte,
con su plan debajo del brazo,
sin que yo pueda hacer nada por evitarlo.

A veces me alegra saber,
cuando advierto un cisne negro
cruzar a solas el desierto,
que?su impacto extremo
solo es un acontecimiento inesperado
que nunca tendr?premio.

A veces creo
que?no deber?a gritar
para decir que he llegado,
cuando?lo importante es?llegar
sin que nadie lo hubiese notado.

?


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Publicado por elderbi1954 @ 19:18
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Viernes, 21 de marzo de 2008

Mira la luna
y busca en ella mi rostro.

(...every night
our moon it we glitter?for us)

?

...A fin de cuentas,
todos perdonamos a un semejante
m?s facilmente
por un error de la cabeza
que por un error del coraz?n.

?

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?

?

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Publicado por elderbi1954 @ 18:16
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Martes, 18 de marzo de 2008

?

Se acab?, me marcho,
tomo mis trastos y cierro para siempre.

Cierro por ausencia total,
porque no?queda nada
sobre los anaqueles,
ni siquiera alg?n rastro
de la memoria ni las miradas.

No dejo absolutamente nada,
salvo el polvo acumulado
sobre mi existencia.

Voy a tomar por ?ltima vez
el vetusto tren de ida
y borrar? para siempre
todo vestigio de mis pasos.

?

Cierro por vac?o absoluto,
por indolencia y a perpetuidad.

Cierro porque mis manos
ya no sujetan altares
ni anhelos, esperanzas o sue?os,
que ni de ellos me queda algo.

Quiero clavar mi cabeza
en la yerma tierra de ?ste desierto
y ara?arla en profundidad
hasta llegar al centro del infinito.

Me voy desesperado, por ausencia
de todos los sentimientos,
de todas las cosas,
de los besos, el tiempo,
los misterios, la grandeza y el miedo.

Marcho m?s all? de la distancia,
me escapo por el ?nico hueco
descubierto entre los versos,
por las ?ltimas sombras del horizonte,
bajo la neblina espesa
que me sale al encuentro.

Cierro por ausencia total,
medio vivo y medio muerto,
m?s cerca?del abismo que del centro.


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Publicado por elderbi1954 @ 10:33
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Lunes, 17 de marzo de 2008

?

Sobre nubes de n?cares flotantes
vimos el lejano paisaje de la tarde.
En las alas de un suspiro, comulgamos
entrevelas de ins?pidos anhelos
y no decirle nada a nadie,
porque no hab?a nada que contar
salvo que, tan s?lo, por?un instante,
la luz del infinito puso ra?les
sobre las piedras h?medas del paisaje.

Barcelona 22/02/2008

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Publicado por elderbi1954 @ 21:11
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Domingo, 20 de enero de 2008

Abandon? la tristeza.
Me fui por las aguas del tiempo.
Quise beberme el futuro
de un solo golpe.
Apenas tard? un instante
en volver a las sombras de la vida
que me esperaba pacientemente.

Si pudiese tener a mano
lo que quisiera,
despu?s de haberlo probado,
tomar?a de nuevo ?sa copa
y me quedar?a all? para siempre.

Contigo y conmigo jugar?a a los dados
buscando el siete.
Con el blanco y el negro
inventar?a colores nuevos.

Sentado en el umbral de la noche,
esperar?a que se abriesen
los jazmines de tus ojos.
Convertido en r?faga de luna,
me colar?a entre tus labios
para habitar con los besos.

Abrir?a mis alas endurecidas
para remojarlas con tus l?grimas
y yo me ahogar?a en las m?as
porque la melancol?a rumorosa
de nuestro amor, me duele tanto
que ni con so?arlo siquiera
se me alegra la existencia.

No puedo esperar
las soluciones de mi palabra,
ni de quien puso la piedra
en su provecho,
ni de la sangre mordida
por la distancia.
Mi espiga est? intacta
pero el tiempo corre
y temo que se seque


Cuando se me secan los ojos,
me sudan las manos,
se me agota el alfabeto
y las ra?ces de la lengua.
Se erizan mis pelos,
la voz me sale ronca, cuando sale,
y se derrama el serr?n de mis adentros
como un pelele podrido.
Cuando de ser hombre me canso,
tomo tu retrato y me voy contigo

Me pego a tu imagen
para re?rme junto a ti
y mirar a donde t? miras,
brillar como t? brillas.

Si fuera posible
que la dorada siega del olvido
me curase la ausencia del amor,
volver?a a llover como siempre,
con sus noches amargas.
Los huecos pasos de mi vida
retumbar?an nuevamente
por los callejones de mi coraz?n.

Cuando duele el amor
deber?a existir un remedio instant?neo,
porque la amargura que se sufre
cuando no se tiene a mano,
es m?s fuerte que el dolor
como nunca imaginado.

Aqu? termina de pudrirse
el ?ltimo beso que me regalastes

y, encima, las agujas
inexorables del reloj
me van marcando, implacables,
las y pico en punto
que es cuando toca
besarte de nuevo,
pero como no est?s
entre mis brazos,
empieza a dolerme el amor
y no puedo soportarlo.

Ahora, en ?ste momento
voy a brindar con mi sombra
para que tus recuerdos
me alivien el coraz?n maltrecho,
hasta que llegue la hora
exacta de tu cuerpo.


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Publicado por elderbi1954 @ 20:34
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S?bado, 05 de enero de 2008

Esta distancia que me ahoga,
tan terrible que me devora
me consume y atormenta...

tanto silencio desmesurado
sin l?grimas ni pecado,
sin cuerpo ni presencia,
sin calor, ni fecha, ni hora,
ni forma, ni estado...

Este silencio adormecido
esperando el comp?s sonoro
del vah?do enamorado,
el beso instant?neo,
la dulzura de tu piel,
mis pasos mal contados
porque se rompi? tu tac?n
cuando te as?as a mi lado...

tanta destreza uniforme
y las leyendas del destino
que ni t? ni yo cre?mos
pero siempre nos marcaron.
Cuanto tiempo perdido
en comprender los poemas
que otros escribieron
cuando nuestras vidas
ya, de por s?,
son versos inauditos.

Sufro, lloro, grito y pierdo,
hasta la lengua me muerdo
porque te a?oro
y desde?o, deploro,
bebo mis agon?as,
te adoro,
me doy plazos y venzo,
sin remedio, sin comedia
sin aplausos ni decoro.

Ense?o mis verg?enzas
con las manos abiertas,
con mi cama desierta
y tus recuerdos de adorno.

Miro el horizonte y no te veo,
me miro por dentro
y tampoco me veo,
te miro a los ojos...
?d?nde est?n?, tan lejos,
tan de cuando en cuando,
tan inciertos que ni me acuerdo.

Este tormento insospechado
me quema el pecho,
los sue?os y el derecho
de vivir enamorado.
? Que terrible semblanza
de media existencia !

Venturosa la amargura
que mi sed consuela
porque, aunque decirlo me duela,
es la ?nica cura
de mis noches en vela
y adem?s de ser una locura
es la verdad segura
que marca y flagela.

? Porqu? no se rompen las ataduras,
los goznes, las correas,
los grilletes, las candelas,
el insomnio, los recuerdos,
las alambradas, los azulejos
las albercas, los retratos,
los misterios, las miserias
los muertos y los vivos?

? Porqu? no vives conmigo?
?Te doy miedo?

Yo me doy miedo y me aguanto,
t?, te das miedo y te reservas,
esperando el final de la partida.
Ambos sabemos que no es vida
caminar con pasos inciertos
pero en ?sta hora de la corrida
m?s vale toro vivo que muerto
y mejor sol que neblina
que renco, que tuerto
a paisaje de vitrina.

Cuando te beso, respiras,
si te abrazo me acaricias,
mis lamentos son tu enojo
y las sombras un episodio,
cada susurro una sonrisa
y cada sue?o un antojo.

? Te da miedo
enamorarte de nuevo?

?Tienes verg?enza de lo cierto?
?Toma mi mano,
mi alma, mi cuerpo,
mis a?os, mi aliento,
tantos silencios
y tiempos muertos!
? D?te la vuelta, toca,
desc?breme de nuevo
que sigo vivo para tus huesos!

Tanta distancia me ahoga,
esclaviza mis adentros
y me deja sin remedios.

Puedo dec?rtelo m?s alto,
m?s fuerte y concreto
pero siempre sonar? igual
que si te lo dijera en silencio.

Te quiero porque te quiero
y no me preguntes porqu?
ya que me pasa lo que a ti,
no logro entenderlo.

?Ay, si la distancia
fuese como el tiempo!
...tan lejos pero tan cerca.


Tags: Poesia y literatura

Publicado por elderbi1954 @ 1:05
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Lunes, 17 de diciembre de 2007

Tiembla la noche callada
cuando se miran nuestros ojos
y abre su embozo la cama.
Silencia sus melod?as la rama,
agitada por el aire del sonrojo
para refrescarnos la almohada.
Los espejos se prestan serviles
para recoger todos los destellos
de nuestro amor desbocado.
Endulza su color el decorado
luciendo sus objetos m?s bellos
y m?s tenues los candiles.
Las caricias de nuestros cueros
son el preludio de la locura
que se desata por la estancia.
El aire transforma su fragancia
por los besos, el amor y su ternura
hasta empaparnos enteros.
Se nos derrite las fuerzas
de tanto entregarnos por dentro
buscando los pliegues olvidados.
Se rebelan los gemidos sosegados
hasta romperse por el centro
y reventarnos las cabezas.
S?lo entonces rendimos el lance
de tanta felicidad compartida,
dulcemente rotos y extenuados,
henchidos los cuerpos sudados
de repartirnos el alma y la vida
hasta que la muerte nos alcance.





Tags: POESIA Y LITERATURA

Publicado por elderbi1954 @ 21:45
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Martes, 20 de noviembre de 2007

?

A mi padre,
que se fu? solo
a las marismas del cielo
y no me lo dijo antes.

?



Cuando la melancol?a embargaba el esp?ritu de Sebasti?n, autom?ticamente le brotaba desde sus adentros la determinante e inefable llamada de la naturaleza, como ?nico remedio eficaz que paliaba de alguna manera el tremendo desgarro moral que sent?a.
Entonces, casi como un aut?mata, encaminaba sus pasos tr?mulos y cansinos hasta encontrarse con la sosegada profundidad del horizonte. S?lo all? consegu?a salvar la distancia que separaba el mundo real del on?rico que se hab?a construido a la medida, sustentado sobre los pilares del m?s puro romanticismo, recalcado de bohemia y grandemente estigmatizado por los hados de la pintura, aunque tambi?n sol?a versar en otras disciplinas art?sticas.

Era un rebelde pertinaz, intransigente con cualquier agravio por muy banal que ?ste fuese, gran adalid del honor y la nobleza. Pero sobre todo, Sebasti?n era un artista sin consuelo, un poeta que pintaba los sue?os con los colores del alma, esculp?a las miradas sobre la materia inerte a golpes de pasi?n y con la palabra describ?a sentimientos inmensos que albergaba en su coraz?n.
Su m?stica tambi?n era muy peculiar, muy reverente con las cosas divinas, trascendental con las humanas pero solamente consent?a someterse a las leyes que le dictaba su propia raz?n.
Sufr?a realmente y hasta el alma le dol?a, cuando se confrontaban ?stas dos verdades de su eterno dilema, porque era consciente de la existencia de ambas y ante tal vicisitud se ve?a obligado a decantarse indefectiblemente, tan s?lo por una de ellas. A?n resultaba peor cuando la dial?ctica no pod?a concluirla de forma determinante y, desesperado, deb?a abandonarse a la suerte del dispar destino.
No gustaba en absoluto dejar las cosas al azar, ni conjeturar y tampoco acertaba a comprender c?mo, a veces, las cosas resultaban tan dif?ciles cuando en un principio todo parec?a sencillo.
Hallaba gran consuelo cuando paseaba por los caminos que invariablemente le llevaban hasta los paisajes marisme?os del Odiel -su r?o del alma-, una imp?vida corriente verdosa de humanidades, sabrosamente salado como el beso de una sirena, donde pon?a en orden sus retru?canos y m?sica a los versos de la memoria. All?, sobre el escal?n m?nimo de las aguas ancestrales, recib?a embelesado las caricias del sol de poniente como un chaparr?n sabio de luces y contrastes. Se sent?a realmente feliz contemplando tanta belleza.

Sentado sobre las vetustas maderas del muelle de minerales pod?a sentir c?mo la magia de aquel lugar le calaba la piel y enjugaba sus l?grimas. Las sombras de las gaviotas que bailaban sobre las olas se le antojaban como notas magistrales de un pentagrama que compusiera D. Primitivo L?zaro para la sonata ?ltima de cada d?a. La brisa perpetua con su vaiv?n, dispon?a una escala de aromas sutiles y entra?ables para gozar hasta el delirio con aquel paisaje que Dios le regalaba.

Estando ya su esp?ritu sereno, pod?a buscar la fuente de donde nace todo y eliminar cualquier vestigio de maldad o ego?smo que mancillase la raz?n.
?l sab?a que si se preocupaba demasiado por descubrir lo que de bueno o malo ten?a el pr?jimo, se alejaba de su propia esencia; adem?s ?stas divagaciones le dejaban exhausto por la energ?a derrochada en juzgar a los dem?s. Consideraba la vida como una manifestaci?n de amor y en ?sas diatribas que manten?a consigo mismo, se erigi? como un implacable guerrero concentrado en promover la paz del esp?ritu y no el combate.
Sebasti?n estaba recibiendo de la vida una respuesta generosa.

No le iban del todo mal los asuntos sociales y financieros, ni los art?sticos donde gozaba de cierto prestigio y reputaci?n, siendo por ello que recib?a bastantes encargos, dot?ndole de un amplio margen de solvencia. Su experiencia en otros tantos aspectos de la vida le hab?a servido para situarse entre lo m?s granado de la sociedad donde, a rega?adientes, se desenvolv?a bastante bien y con grandes dosis de astucia sacaba muy buen provecho de la relaci?n, como contrapartida a tama?o esfuerzo que le costaba.
A?n siendo un poco cr?pula y farandulero, frecuente quebrantador de normas sociales disfrutaba del respeto y la admiraci?n de muchos, gracias a su locuacidad y simpat?a. Su esp?ritu de bohemio se conculcaba con el comportamiento aburguesado de su existencia y ello le pesaba como una monta?a. Aunque se rebelaba continuamente, siempre acababa sucumbiendo a las mieles del bienestar. En definitiva y a pesar de negarlo impunemente, ello era su verdadera obsesi?n puesto que jam?s logr? sobreponerse al nefasto recuerdo de las penurias soportadas en su ni?ez de postguerra y siempre aplicaba, como principio fundamental para sortear las precariedades, algunas premisas y consejos de su padre, a quien veneraba con admiraci?n, para mayor orgullo de ambos.
En realidad, a Sebasti?n le cautivaba la sabidur?a mundana de los viejos con quienes depart?a frecuentemente. Se quedaba embobado con sus relatos, empap?ndose de la historia real o inventada por cada cu?l, escrita sobre las fr?giles l?neas de la memoria y de sus heroicas cabalgadas por los surcos de la reseca piel.
Hab?a paladeado las delicias de la fama y sab?a de su ef?mera gloria. Siempre estuvo obsesionado por dejar huella en ?ste mundo y de alguna manera lo hab?a conseguido. A su vida y obra le hicieron eco los medios de comunicaci?n, a menudo los pliegos de la historia cotidiana recog?an sus avatares y a?n as?, sin motivo alguno para quejarse por infeliz, ?se inconformismo ancestral que llevaba grabado en los genes no le conced?a tregua alguna y su doliente mordedura le marcaba implacable la cadencia de los sentimientos.

A pesar de las multitudes, se sent?a s?lo y necesitaba, imperiosamente, alguien a quien amar, una mujer que mereciera su total confianza, un coraz?n gemelo donde esconder los miedos y que la vida entera tuviese sentido.
Su almohada sab?a bastante de la lucha que libraba interiormente, con desigual resultado, para poder sobrevivir a la contienda. Sebasti?n ten?a muy claro que todo en la vida es cuesti?n de la actitud que tenemos ante las cosas y no de las propias cosas en s? mismas.

Siempre se tiene la posibilidad de descubrir el origen de un problema o escoger en aumentarlo de tal manera que se termina sin saber donde comenz?, cu?l era su dimensi?n, c?mo puede afectarnos en la existencia y c?mo es capaz de alejarnos de las personas que antes se amaba.

Se sent?a como el Ulises en su odisea; superando desaf?os para regresar al hogar junto a su esposa, la bella Pen?lope, quien siendo cortejada d?a y noche por hombres que afirmaban haberle visto morir en combate durante la guerra de Troya, los despechaba contundentemente, aferr?ndose a la esperanza de verle llegar por los puertos de ?taca; mientras el h?roe, enardecido por el inmenso amor que le profesaba, logra vencer todas las peripecias que le suceden hasta rendirse ?nicamente, maltrecho y feliz, en el regazo enamorado de su fiel y leal compa?era.

Deseaba con vehemencia encontrar su particular Pen?lope. Necesitaba amarla inmensamente para continuar existiendo. No le bastaba un amor cotidiano, ni de costumbre, ni un amor cualquiera. Su amor ya no le cab?a en el coraz?n, ten?a que amarla como un loco hasta embotarse los sentidos con su presencia, embriagarse todas las horas con su lor.
Necesitaba amarla como un padre, un amante y un dios; am?ndola toda con todo. Ya no se podr?a amar a una persona m?s que como Sebasti?n lo har?a.
-?Dios!... ?cu?ndo vendr? ella?- se preguntaba-?Cu?ntas horas malditas, esperando casi sin vida los besos de mi amada? ?D?nde est?s, mujer, que me estoy muriendo de tu ausencia?- y alzando las manos al cielo, cerradas como un f?retro que no quiere dejar escapar su muerto, rastreaba con la mirada por entre las nubes, como queriendo hallarla. Luego se dejaba nublar los ojos por un caudal de l?grimas amargas, hasta que se le ca?an los brazos inertes, casi descolgados de los hombros cansados y volv?a sobre sus pasos buscando la respuesta siempre callada.

No solamente la pasi?n le perturbaba, estaban aconteciendo muchas cosas en ?ste mundo que acrecentaban su dolor, sumado al de aquellos que sufr?an persecuci?n, los despreciados por su raza, religi?n o ideales; el dolor por la hambruna que machacaba a tanta gente, sus p?stulas y el hedor que le llegaba desde el hueco vac?o y dolorido de sus miradas en los retratos.
-Tanta humanidad sirviendo de carnaza para los peces, gente que han triturado con sus pisadas tantas monta?as hasta convertirlas en desierto y despu?s se han bebido el oc?ano de un solo golpe hasta reventarse por dentro como las brevas.
Tantos palos flotando por los mares que separan a los mundos clasificados por los hombres y su rencor, tanto rencor flotando por los aires, asfixi?ndonos y acabando con el mundo. Cuantos palos en el mar y en las espaldas, cuantos palos de soberbia y poder clav?ndose en nuestras entra?as como a vampiros de leyenda.
?Qu? razones o argumentos justifican a quienes revientan un avi?n contra la muchedumbre inocente? ?C?mo puede alguien atreverse a robarnos la muerte? ?Porqu? algunos pretenden silenciar el grito un?nime y desgarrado de los desterrados? ?Porqu? se mancilla impunemente la fe de los pueblos? ?Porqu? est?, la libertad cautiva de nuestra cobard?a? ?Hasta donde vamos a llegar? ?No sienten verg?enza quienes haciendo ostentaci?n de riquezas lanzan pr?dicas y soluciones para socorrer los males que nos acechan? ?...cu?nto lujo y cuanto enga?o nos luce en el alma, prendidos como jirones tr?gicos de una comedia!-.


Sebasti?n se sent?a como cada una de ?sas v?ctimas, pr?fugo de todas las dictaduras, v?ctima de la plaga desenfrenada que seca la carne, de la pedrada cruel que rompe los huesos inocentes de una mujer mil veces ultrajada. Se sab?a un esclavo de la econom?a de mercado y de la globalizaci?n rapi?osa que hace al rico m?s rico y al pobre m?s pobre.
Tanta rabia contenida lo sum?a en un profundo desconsuelo. Ya ni racionalizaba sus opiniones al respecto y agraviado como cualquier hijo al que le han maltratado la madre, lleg? a pensar que hab?a sido una facci?n terrorista de musulmanes los que saquearon la ermita moguere?a de Montemayor y robaron los prendas de la Virgen. La denominada guerra santa estaba a las puertas de casa.
-M?s destrozo le hicieron que robar unas humildes alhajas y aunque sufran tantas penurias y calamidades no tienen derecho a violar lo sagrado. Maldita sea la mano criminal que golpea la fe de unos hombres en nombre de su propia fe.-

Poco tiempo despu?s se felicitaba de que los hechos se?alasen a unos vulgares rateros desalmados como autores del sacr?lego robo, se logr? restituir en su totalidad los enseres sagrados y para descarga de su conciencia aunque para ello hubiera tenido que tragarse el repugnante sapo de los infundios.

-?Ser?n desdichados ?stos moros?...tener que soportar todos los agravios habidos y por haber, encima de las penurias que est?n sufriendo. Menos mal que no han sido ellos, o no s? que hubiera ocurrido con todos lo que se refugian por aqu?- as? pensaba, convencido de que corr?an malos tiempos para la humanidad y eso se manifestaba en la actitud de la gente: deambulando por la vida casi sin norte, acechantes, mirando su espalda y sin ver el rostro que refleja cada ma?ana el otro lado de su espejo.

En ?ste punto, record? Sebasti?n que hac?a bastante tiempo que no iba por la aldea del Roc?o y presentar sus respetos a la Se?ora de la Rocina, a quien profesaba una gran devoci?n.
Ten?a necesidad de reencontrarse con la Virgen Maria en bas?lica almonte?a pues bajo ?sta advocaci?n de la Virgen percib?a espiritual consuelo y singular esperanza, le significaba la m?xima expresi?n posible del amor, redentora de los mortales, paz de los perseguidos, amparo, puerto y refugio de los pecadores, fortaleza de f?.
Ante la Blanca Paloma se rend?an todas sus furias y bajo su mirada, se somet?a humildemente al examen de conciencia m?s sublime de su vida. All?, en el santuario, pod?a encontrar, casi sin esfuerzo, la huidiza respuesta a sus dudas m?s encastradas.

El silencio de aquel recinto sagrado transportaba su alma peregrina hacia el inmenso coto de los cielos, donde solamente los rocieros, ocupan la parte de las marismas que es donde se huele a juncia, hierbabuena y romero, como privilegiado incienso lit?rgico.
El armonioso ta?ido de las campanas del templo conmov?a a las golondrinas y las cig?e?as, que presurosas alzaban el vuelo para bailar graciosamente aquellas melod?as sobre el tapiz azulina del paisaje.

Fue, peregrinando a pi?, hasta el Roc?o siguiendo el camino de Moguer, extasi?ndose con las maravillas que la naturaleza le ofrec?a, tom?ndose toda la calma precisa para recorrerlo sin perder detalle alguno ni contaminar sus sentidos con ideas vanas. Cuando calzaba sus botas de caminante y se colgaba el petate procuraba limpiarse de angustias, liberarse de las cargas cotidianas que le turbaban. Echarse a los caminos significaba adentrarse en su otra realidad y como un anacoreta, pod?a eximirse de rendir cuentas a nadie de ?ste mundo porque las leyes que reg?an sus designios proced?an de otro entendimiento m?s excelente.
Los eucaliptos, pinos y olivos simulaban altas nervaduras de g?ticas b?vedas; las amapolas y los lirios silvestres decoraban, inundando con sus renovados colores, el luminoso verdor que cubr?a la ca?ada desde El Gato.
El suave murmullo de los helechos meci?ndose al comp?s de la brisa, serv?a de acompa?amiento a las pisadas que, sobre la fina arena del camino, Sebasti?n iba marcando. Ni siquiera el espont?neo trino de los jilgueros enamorados, revoloteando en tropel, pudo romper la armon?a del instante.
Eran muchos los momentos gozosos que le deparaba ?sa ruta. La hab?a recorrido, anteriormente, cientos de veces y cada vez que lo repet?a, m?s prendido quedaba de ella.


Despu?s de su visita a la ermita del Roc?o, se dispuso bajo la sombra de un acebuche hasta que la tarde levantara sobre el horizonte marisme?o su viol?ceo tis? y de nuevo se produjera el milagro de los sue?os complacidos. Tendido sobre la hierba, Sebasti?n observ? a una alondra que en el ?rbol anidaba y le musit?: -Cuando venga el alba, despi?rtame con tu silbo y aviva las brasas de mi candela con ramitas y le?os viejos, para quitarme el fr?o, que yo te har? unos versos para que se los cantes a la Virgen y despu?s los cuelgues en el cielo-.

Ya de regreso, trajo consigo la intenci?n de pintar un cuadro que recogiera ?sas impresiones del camino y queriendo cortar de su tallo un lirio blanco, record? ?sa vieja leyenda de los peregrinos rocieros que advierte del agravio por expolio que se inflige a la naturaleza priv?ndola de su esplendor y si en alguna ocasi?n muy justificada o por ignorancia se le arrancara la vida a un lirio silvestre, ?ste ser?a para entregarlo como ofrenda a la Reina de las Marismas.
Desistiendo pues de ello, prosigui? su camino, ya reconfortado por su m?stica aventura.
No pod?a ser de otra manera que, una vez llegase a Huelva, el sol se estuviera poniendo sobre las aguas de la r?a onubense. Sin poderlo remediar encamin? sus pasos hasta el Muelle de Riotinto donde, como tantas veces, hab?a henchido su esp?ritu contemplando el fulgor de la naturaleza en los atardeceres.

Advirti? entonces que una diminuta patera arribaba en la orilla de Bacuta, marcando tras de s? una sutil estela de espuma salada que bordaban los remos en su encuentro con las aguas. Una difuminada figura de mujer se incorpor? sobre ella bati?ndole su vestido la brisa del sur, que le pareci? entonces la vela animada de un gracioso bajel. Observ?, interesado, c?mo ech? pi? a tierra; con la destreza de los viejos boteros que cruzaban el r?o a golpe de remo, transportando a sus gentes entre orillas y trayendo la sal de la isla que supon?a el sustento para muchas familias.
Frunci? el entrecejo y aguzando la vista quiso convencerse de que se trataba de una mujer. El revuelo de su vestido y la densa melena que mec?a el aire, despejaron sus dudas.
Despu?s de anclar la patera, la muchacha se dirigi? hacia poniente, caminando despacio, con los brazos abiertos, volteando su cabeza al infinito, bebi?ndose, insolente, los ?ltimos rayos de sol que iluminaba la tarde y cuando hubo acabado, sobre un repecho de conchenas se gir? levemente hacia atr?s, dedicando una ?ltima mirada a su sombra.
- ?Me ha mirado?. He sentido su mirada en la m?a a pesar de la distancia... ?bah! No puede ser ?no es posible. Apenas se distinguen los rostros desde tan lejos. ?Las ganas me hacen delirar!. M?s me vale volver a la casa y que descansen mis huesos de tanto caminar. Ma?ana ser? otro d?a - se dijo Sebasti?n volviendo sobre sus pasos, a la par que repasaba las venturas recibidas y deshaciendo el v?rtigo de las emociones, se dispuso, como perro que ha perdido su hocico, a roer el hueso que nunca pudo, revolviendo los callejones miserables de la ciudad, buscando la mano amable que alimentase la vida de tan pat?tico esqueleto, procurando retomar las actitudes m?s adecuadas que le permitiera afrontar con meridiana dignidad ?sa ineludible y grave car?tula de su existencia.

Ocurri? una pl?cida noche de primavera que las musas revoloteaban a su albedr?o buscando un esp?ritu incontestable donde prender el h?lito maravilloso del amor y la belleza, cuando los sue?os de Sebasti?n comenzaron a proyectarse, rotundos, sobre la magnitud bald?a del lienzo que aguardaba inmutable, anclado en su caballete, el momento sublime del primer trazo para desterrar definitivamente la ausencia art?stica.
Sobre la irregular blancura de la tela se posaron nueve musas venerables que dominadas por la p?cara dulzura pusieron a remojar las barbas pintorescas del ego?smo y cabalgando en auxilio del arte sin montura fueron despleg?ndose los trazos innominados del color. Cuando el azul de Prusia abri? su ventana a la luz, se ti?eron de magia los cuatro v?rtices de la inspiraci?n cerrando el espacio con sus manos para evitar la fuga vergonzante de las almas del cuadro.
Tal?a, la del cabello de seda, inyect? un acopio de recetas magistrales para fundir las tierras. Erato, tendi? sobre el blanquecino lecho vertical un c?lido desnudo imposible, escapado del control de la neblina. Mientras tanto, Cl?o con su singular candor, Ters?core la amante perdurable y Urania la del consuelo perfecto, ablandaban los planetas de la almohada, contubernio de flores y grietas, ba?ando de armon?a el paisaje. Cal?ope, hermosa fragancia de la juventud, acicalaba la paleta de Sebasti?n con resinas de la India, ?leos griegos y cenizas de Pribilof. Hasta el trance bailaron las siluetas del encanto, bajo los acordes indescriptibles que emit?a la lira de Euterpes y las rimas sublimes de Melp?mene, la de los dulces labios. Polymnia subyugaba los intrusos de la materia blandiendo su sabidur?a hasta secar las venas de los enemigos y dejarles el mullido cerebro sembrado de rabos y cuernos.

Entonces, el artista tom? los pinceles y sobre una p?dica encinta de ojeras comenz? a desvelar, predilecto y fogoso su teorema de l?piz vehemente dando vida a un hermoso lirio blanco sobre terciopelo malva y verde. Con los pies alquilados de aceras se dispuso a destruir el mito silencioso de mentes cenicientas de calaveras. La cama insatisfecha de mil encantos, abri? la maleta vigorosa del color, profeta prematuro de la obra y en las bisagras nocturnas de espantos comenz? a burlarse con los goces del amor para desnudar al buitre del instante.
La ma?ana le sorprendi? en pleno fragor de su batalla con el arte pero hasta bien pasado mediod?a no se tom? un respiro. No pod?a apartarse de la obra, casi siempre le ocurr?a lo mismo. El influjo de la inspiraci?n le atenazaba imperturbable al metro cuadrado del conjunto. Cuando percibi? claramente los elementos que conformaban la idea, pudo relajarse un poco, comer algo y someterse al interrogatorio de la contemplaci?n, lo cu?l signific? una reclusi?n voluntaria de varios d?as. Lo importante ya estaba echo, ahora faltaban los retoques t?cnicos que dotar?an al cuadro de la suficiente calidad para poder venderlo a buen precio. Las obras de arte no s?lo alimentaban su esp?ritu sino tambi?n le llenaba la barriga.

Estaba satisfecho por c?mo marchaba su creaci?n y decidi? caminar hasta la r?a para relajarse un poco, aunque lo que realmente deseaba era desvelar el misterio de la muchacha de Bacuta. No se le iba del pensamiento.

As? caminando, not? cierto alboroto en la gente que formando corillos, debat?an con demasiado frenes? sus cuestiones. Unos marchaban adorn?ndose con grandes aspavientos, otros quedaban vociferando, algunos maldec?an tremendamente y a casi todos se les marcaba el trazo rudo de la indignaci?n en el rostro sofocado. Quien no resoplaba compungido, mascullaba sus blasfemias de la forma m?s escandalosa y soez que pod?a. Las serias amenazas que otros profer?an, espantaban hasta los fantasmas.
Cada vez estaba m?s convencido de la denigrante locura que se hab?a establecido entre los hombres y de que acabar?an devor?ndose entre s?. No le apetec?a nada, en absoluto, entrar en divagaciones sobre tanta mezquindad. Se sobrepuso y cambiando los esquemas, con aire falaz, aceler? sus pasos hasta que la brisa marisme?a espabil? sus sentidos y le ofreci? de nuevo el paisaje entra?able que nutr?a sus sentimientos m?s nobles.
Casi de ahogo muere, cuando vio acercarse por el r?o una barquilla que ven?a desde el horizonte y en ella, resplandeciente como el mism?simo sol, una figura de mujer que aleteaba graciosamente sus brazos al comp?s de los remos y que de vez en cuando volteaba para atr?s su cabellera como haci?ndole se?ales confabuladas para un m?gico encuentro.
Qued? hier?tico, observando como arribaba la patera, navegando lentamente, casi al pairo; cautivo de sus furtivas miradas y la belleza de su rostro.
Refulg?a su piel con un discreto brillo monocromo, salvo en las mejillas que adquir?a un sonrojo natural como de rosa temprana, siempre fresca y candorosa. Parec?a de seda tunecina, suave, fr?gil, casi transparente; como queriendo dejarse ver el interior. Su rostro era un ?valo perfecto y en ?l, la sonrisa, perenne y leve, dibujaba la l?nea exacta e infranqueable del amor m?s profundo e intenso, el l?mite concreto entre el suspiro y el beso, la cuna fragante donde reside la ternura. Los ojos se vislumbraban misteriosos tras las fin?simas hebras de sus pesta?as y se encend?an como los faroles del Conquero, cuando miraban a la cara.
Enmarcando tanta dignidad, se formaban sobre la hermosura de los ojos obscuros, talism?n de los poetas, dos arcos bip?talos, sutiles como una caricia maternal. Sobre su l?mpida frente, sin pliegue alguno, se arremolinaban ciertos bucles de su melena que pend?an airosos y juguetones como los querubines que guardan las puertas del cielo: eran de color moreno, casi negro y acaracolado; era como una mata de poleo en noche de luna llena, denso y perfumado de esencias marisme?as. Sus ondas le ca?an en cascada por los hombros, brincando una y otra vez. Ese juego de luces y vaivenes que desprend?a el movimiento de los cabellos le dej? absorto y no pudo eludir, en modo alguno, quedar prendido de tanta belleza.

Hab?a encontrado definitivamente a su amada. Estaba tan seguro que hasta su rostro le resultaba familiar. La reconoci? de inmediato porque moraba en su coraz?n desde siempre y ahora estaba all?, delante de ?l, tangible y hermosa. La materializaci?n de sus anhelos posibilitaba la fusi?n de ?sas dos realidades que confrontaban su existencia y traer?a, por fin, sosiego a su esp?ritu. Sinti? por primera vez en su vida el estremecimiento sutil de la felicidad, la caricia perfecta del amor cercano.
Ella le miraba complaciente mientras desembarcaba, tendiendo los brazos en reclamaci?n de los suyos; como si con aquellas miradas ya se hubieran dicho todo y nada pudiera interponerse entre los amantes, por tanto tiempo ignorados. Tom? sus fr?giles manos entre las suyas y as? quedaron, frente a frente con el aliento contenido, forjando en las llamas del amor inmenso un solo ser que hilvanaba entre las nubes un gran poema sin rima que amar?an hasta los locos.
-Pon amor, tus labios sobre los m?os y d?jate morir en mi beso. Tus dedos de cristal y sue?o, enr?dalos en mi pelo. Sent?monos amor, que a veces, sin pararse se tropiezan los besos en una loca carrera y al final, sin notarse siquiera, se nos pasa el tiempo sin mirarnos el alma. Pon, amor, tu beso en mi beso. Pon, amor, tu sonrisa sobre mis labios y que el horizonte nos abrigue la tibia madrugada-.

Ella, recib?a el estremecimiento de Sebasti?n dentro del suyo propio. Se dejaba amar, am?ndolo en silencio y vertiendo el vaso de sus l?grimas sobre la piel emocionada del artista, vagabundo de su sombra y de su suerte; enhebrando c?ntaros de fulgor un?nime, susurr?ndole lentamente entre reflejos a la deriva.
Solos se quedaron entre el cielo y las ropas, tan solos que ?nicamente se o?a el susurro de las olas. Era tan profundo el silencio que ni las gaviotas se atrev?an a romperlo; un silencio de miles de versos cantados con las miradas; un canto de amor en silencio m?s elocuente que las palabras.
Cuando los juncos de las marismas avisaron que el sol llegaba de nuevo a su horizonte, ella tom? dulcemente la cabeza de Sebasti?n entre sus manos y le dijo, emocionada que, en ?se instante, deb?a regresar a la otra orilla, sobresaltando su ?nimo hasta el punto del espasmo; pero ella, dejando resbalar suave y cari?osamente los dedos por el rostro impasible de su amante, le transmiti? una se?al de consuelo y esperanza tan vehemente que aviv? la corriente sangu?nea del imp?vido enamorado.
As?, la vi? alejarse nuevamente hasta desaparecer tras las dunas, s?lo que en esta ocasi?n, cuando ella le dedic? su ?ltima mirada, si que tenia motivo para responder a la despedida.
Alborozado, retorn? a su casa advirtiendo que la pintura inacabada se le ofrec?a seductoramente para concretar la fascinante creaci?n; entonces rubric? con sagacidad que sobre los p?talos de su lirio blanco deb?a pintar el bell?simo rostro de la enigm?tica mujer que hab?a logrado colmar sus ansias.
No conoc?a su nombre siquiera, ni sab?a nada de ella.
Tampoco le importaba lo m?s m?nimo, s?lo estaba seguro de que ya formaba parte de s? mismo, que era el eslab?n perdido de su existencia y nada ni nadie podr?a hacerle renunciar al amor, recientemente encontrado.
Con tanto af?n retom? los pinceles que ?sa noche transcurri? apaciblemente breve, inducido por una sublime inspiraci?n natural que le retaba infatigable a transportar sobre el lienzo sus sentimientos. Estoicamente fue trazando con pulso firme las pautas magistrales para conseguir su alumbramiento y hasta bien pasado el mediod?a no desisti? de su empe?o tras comprobar la autenticidad y congruencia de los resultados.
Como era habitual en ?l, gustaba de recomponer las ideas recre?ndose en la contemplaci?n de la obra, someti?ndola a un severo examen de calidad, cosa que har?a despu?s de caminar un poco hasta desentumecer los huesos.

Los grandes titulares period?sticos destacaban una noticia terrible que le paraliz? el coraz?n y la conciencia dej?ndole totalmente estupefacto. Tuvo que apoyarse en el dintel de una puerta an?nima para lograr no caer de bruces como un pelele. La imagen venerada de la Virgen del Roc?o con su Ni?o en el regazo hab?a desaparecido de su altar en el santuario y se investigaba sobre la hip?tesis de un robo perpetrado por alg?n grupo radical que amenazaba continuamente nuestra f? y su patrimonio.
Tanto dolor y rabia provocaba ?ste ultraje que nadie, ni siquiera los m?s agn?sticos, lograban contener la ira contra los grupos marginales que secundaban ?sa revoluci?n y las fuerzas del orden p?blico resultaban insuficientes para controlar las masas enardecidas que clamaban venganza contra los disidentes.
La barbarie sumi? al artista en una profunda catalepsia, impotente para sobreponerse ya que se hab?a atentado contra uno de los pilares m?s firmes de su conciencia. El sollozo desconsolado apenas le permit?a respirar y casi sin fuerzas volvi? hasta su refugio donde, tremendamente afligido, se desataron incontenibles todos los grandes sentimientos que se desprend?an de su vocaci?n m?stica.
Decidi? volver a las orillas imperturbables del r?o Odiel donde podr?a hallar la calma que necesitaba y recabar el consuelo de su amada dentro del regazo protector que le brindar?a su espl?ndida presencia. No olvid? llevarse la pintura inconclusa que le hab?a dedicado, justific?ndose porque una mayor depuraci?n t?cnica no lograr?a superar la calidad lograda con tanta verdad y celo como hab?a sido concebida; adem?s, no le quedaban fuerzas suficientes para hacerlo pues los acontecimientos hab?an roto el embrujo y la simbiosis art?stica.
-Sebasti?n, soy tu Maria. Vengo contigo porque el desgarro de tus lamentos y la turbaci?n de tu pena me han llegado desde el silencio, nuestro aliado m?s precioso, conmoviendo mi alma.
Quiero encender tu ?nimo con mi consuelo, para que su calor mezcle nuestra sangre enamorada con las caricias, en ?sta tarde de tu dolor y nos envuelva protectoramente hasta la puesta del sol. Entonces podr?s venir conmigo hasta la ma?ana de todos los tiempos y residir en la morada de mi amor infinito-
.

Ella le esperaba sobre el viejo embarcadero, resplandeciente como la luna llena en su noche m?s l?mpida y entreg?ndose al abrazo del amado, ambos permanecieron juntos muchas horas dici?ndose tantas cosas como estrellas tiene el firmamento. Cuando el sol inici? de nuevo su poniente, ella le tom? de la mano y embarcaron con rumbo hacia el horizonte dorado de las marismas. Mientras Sebasti?n bogaba aturdido y fascinado, Mar?a le regalaba torbellinos de su mirada m?s sugestiva, sosteniendo contra su regazo el cuadro del lirio blanco bordado con su rostro, talism?n perpetuo y testigo leg?timo del amor insuperable que ambos compart?an.
Muy lentamente se fueron adentrando en el infinito viol?ceo, hasta que las brumas del ?ltimo sol dejaran paso a las veladuras de la noche y los juncos iniciaran de nuevo la danza de los brillos al comp?s de la brisa marinera.

Sebasti?n se marchaba para siempre junto a su amada. Ahora, ninguna raz?n m?s poderosa que ella le vinculaba a sus ra?ces de siempre. Se marchaba para siempre, dejando, absolutamente todo lo concerniente a su vida, en manos del tiempo y del olvido para que ellos escriban las p?ginas elegidas de su vida. As? se fue Sebasti?n.
La ma?ana siguiente trajo una luminosidad especial y hasta los p?jaros parec?an anunciar algo extraordinario. Una sensaci?n de j?bilo flotaba en el ambiente de la ciudad, que se desperezaba bajo un murmullo indefinido pero bastante perceptible. La noticia de otro nuevo e inexplicable suceso volvi? a recorrer presurosa todas las avenidas, rincones y callejuelas:

Al amanecer de ?se d?a, cuando el santero de la ermita del Roc?o abri? sus puertas, como de costumbre hac?a cuando Ella estaba en su camar?n, percibi? un instant?neo fulgor, como un destello de luz brillant?sima que proced?a desde su espalda y que incluso se?al? su propia sombra sobre los baldosines del templo. Un escalofr?o recorri? todo su cuerpo que hasta le cort? la respiraci?n y sobre sus piernas flaqueantes, terriblemente asustado, logr? volverse, quedando estupefacto ante la contemplaci?n del hecho m?s ins?lito que hab?a presenciado jam?s.

Una paloma blanca como de n?car se hab?a colado por cualquier claraboya que se quedar?a abierta y revoloteaba graciosamente, jugando con las primeras luces del alba que traspasaban las vidrieras del templo, hasta posarse en el altar y de pronto, sobre ?ste, dentro del primer haz de luz que regalaba el sol de ?se d?a, bajando desde la c?pula central de la ermita, apareci? majestuosa e inm?vil la radiante imagen de la Virgen del Roc?o.
La multitud que esperaba inmutable para velar la ausencia de la Virgen cay? hincada de rodillas ante al milagroso acontecimiento, mientras un espont?neo y leve susurro fue alzando la voz hasta convertirse en una salve gloriosa y un?nime que corearon todas las criaturas de las marismas. La inmensa comitiva pasaba ensimismada por delante del altar con la mirada fija Ella y ya fuera de la ermita, cuando lograban sobreponerse a la emoci?n y recuperaban el aliento, todos celebraban alborozados haber sido ser testigo de tan magn?fica reaparici?n y comentaban asombrados que ahora la imagen resplandec?a como nunca; su sonrisa y la mirada parec?an especiales, pero sobre todas las cosas, destacaban con admiraci?n, aquellos pinceles que sosten?a el Ni?o entre sus manos y el hermoso lirio blanco, fresco y radiante, como reci?n cogido de las marismas que luc?a la Virgen prendido en su corpi?o, junto al coraz?n.


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Lunes, 19 de noviembre de 2007

La rebeli?n de los infortunios
tiene los pasos muy cortos
y no podr?n derribar
los muros del amor
con sus escarnios.

Cuando nos miramos en silencio
para vernos por dentro
se levantan inmensas
e infranqueables las defensas
de nuestro destino.

El amor es ciego
para no ver los obst?culos
y tiene alas
para poder salvarlos.

Cuando anudamos el nuestro,
tambi?n lo hicieron las fuerzas
para engrandecer las murallas
y no dudes, amor,
que a?n no ha nacido
el vil canalla
que suponga un serio peligro.

Convinimos desnudar nuestros cuerpos
para no disponer de escondites
donde camuflar las penas
y ahora no podemos consentir
que nuestros cueros
se plieguen como en retirada
porque la plaza es nuestra.

El amor es una ocupaci?n
como otra cualquiera
y valga, s?lo como muestra,
aquel entrometido bot?n
que de alguna manera
se infiltr? en nuestra conversaci?n
amenazante y provocador
buscando un pliegue descuidado,
pues nadie conseguir? vencer
con tan poco ni con demasiado
la bravura de nuestro batall?n

Como nuestro amor es una locura
y el quererse no es elecci?n,
que disponemos de dos almas
con un solo pensamiento,
dos corazones que laten al comp?s
como si uno solo fuese,
grande ser? la raz?n
para sobreponerse a la adversidad
y vencer con facilidad
los trallazos del pasado
por mucho que nos quiera atacar.

Hay m?s amor en nuestras dudas
que en nuestra tibia afirmaci?n
y es m?s fuerte nuestro coraz?n
que todas ?sas historias menudas.

As? pues, vivamos la gloria
de mirarnos entre los besos
o al menos, morir en el abrazo
porque, ni tan siquiera, la memoria
tiene l?cito el derecho
de borrar con un plumazo
los sue?os de nuestra historia.

Si nos prenden la morada
m?rame a los ojos como yo te miro
y no al humo elev?ndose a la nada
porque s?lo son vapores de suspiros
que se desprenden de nuestra almohada.

Lo nuestro es un gran amor
que vive a la sombra de un gran sue?o,
maravilloso, tierno y fuerte,
pero como ni t? ni yo, somos due?os
ni de nosotros ni de nuestra suerte.
estamos obligados a no permitir
que se interponga entre los dos
el pasado irreparable con su muerte.


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Publicado por elderbi1954 @ 23:59
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Viernes, 02 de noviembre de 2007


Me pides que no te ame
tan apasionadamente,
pero has olvidado
decirme como hacerlo.

No s? como, ni porqu?
soy cautivo de tu amor,
tampoco quise quererlo,
ni siquiera s? cuando.

No me pidas imposibles
que tampoco deseas
pues en mi coraz?n no mando
y el tuyo, aunque no creas
tambi?n lo tienes atado
al m?o y est?n esperando,
impacientes ser liberados
de nuestros miedos,
de la distancia entre los besos,
de nuestras manos separadas
sin nuestras voces ni miradas,
de ?ste silencio inmenso
que hay entre carta y carta.

Me pides que no te ame tanto,
pero no s? como hacerlo.


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Publicado por elderbi1954 @ 18:36
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Martes, 30 de octubre de 2007

Frente a m?, se presenta la blancura
del lienzo vac?o y expectante,
ret?ndome descarado a que trace
las primeras l?neas del boceto.
Mientras, se me revuelve la cordura,
buscando el m?s m?nimo instante
donde asirse a la idea que nace
inc?gnita, en mi coraz?n inquieto.

Un suave pliegue cruza la textura
imponiendo su frontera vacilante
entre mis deseos y lo que subyace
en el turbado coraz?n repleto.
Un hermoso bordado se apresura
a flanquear el nexo hueco aleteante
y cubre de color el nuevo cauce
por donde bailar? mi esqueleto.

Por f?n, las musas han despertado
de su alevoso y f?tuo letargo,
alegrando la danza del pincel
que agitado como un amante doncel
disipa sin esfuerzo el trago amargo
de pintarte un cuadro dedicado.

Ahora, todos sabr?n nuestra historia
grabada sobre un lienzo enamorado
y en los jardines de nuestra memoria.


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Publicado por elderbi1954 @ 18:44
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Martes, 16 de octubre de 2007


Amaneci? un suave sol de oto?o
invit?ndonos a leer sobre el paisaje
milenario de piedras y sabios.

?sa c?lida ma?ana
lloraban todas las golondrinas
antes de partir
para comenzar otra vida.

La pasi?n nos dej? exhaustos
y no pudimos advertir sus trinos.

Caminamos juntos, casi en silencio
y en paz con nosotros mismos,
mir?ndonos por dentro,desde cerca,
sobre nuestros abismos,
madurando la vida
hasta su punto exacto.

Cuando llegu? a la segunda p?gina
de nuestro relato,
lo comprend? enseguida:
hab?amos encontrado
el amor bajo la historia
de sus callejas retorcidas,
los mil y un cuentos encantados
de tantos siglos y gloria
como venturas colgaban
de sus patios sosegados,
los balcones, la noche y la memoria.

?Cuanta locura y frenes?!

Se nos mezclaron los sabores
que llev?bamos para sorprendernos
y los alqumistas del amor
nos regalaron un perfume
con notas de jazmines y besos,
lentamente destilados en su fuego.

Hoy he mirado a mi alrededor
y s?lo hall? mi sombra
sobre las aceras.
Ya no estabas a mi lado
y entonces supe, ciertamente
que te habias colado en mi vida
justo, por el ?nico hueco descuidado
y que me faltas para vivir
y que me ahogo sin t?
y que... ya no puedo seguir.


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Publicado por elderbi1954 @ 19:27
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Jueves, 20 de septiembre de 2007



La marea vaciante me ha dejado
sobre la orilla de tu distancia
un sentimiento que hab?as olvidado
entre tus palabras impacientes
y me ha tra?do la fragancia
que tu deseo me ha dedicado.

Cuando lo describ?, llor? emocionado,
s?lo, sin tu anhelada presencia,
sabiendo que te has enamorado
sin querer, de mis besos inocentes
y he decidido poner fin a tu ausencia
partiendo veloz hacia tu lado.

D?jame decirte, amor demasiado,
que el tuyo, no sabes ocultarlo,
que lo has anudado al m?o,
tambi?n venido sin buscarlo,
que ya eres del mar y no del r?o,
que al fin cayeron las cadenas del dolor
liberando el tiempo de los sue?os
y ahora, ni tu ni yo, somos due?os
de nuestros destinos, sino del amor.
.


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Publicado por elderbi1954 @ 21:48
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Jueves, 06 de septiembre de 2007
Cuando el alba despunta
y riega los campos con su aroma
... a ?so saben mis besos.

Si tu pelo empapado de brillo
moja mi almohada...
a ?so saben mis besos.

Una gota de tus l?grimas
bebida en los surcos de tu cara
... a ?so saben mis besos.

La mar nos regala espuma
de n?car fresco...
a ?so saben mis besos.

A jazmines,lirios y azucenas,
claveles, canela y menta,
madreselva, yerbabuena,
perlas de miel en su colmena,
a las historias que cuentas.

Aromas a gal?n de noche
cuando la luna despierta,
...a ?so saben mis besos.

A esperanza, escarcha y cielo,
fresas, naranjas y romero
... a ?so saben mis besos.

Saben mis besos a tu miedo,
a impaciencia y deseo.
Mis besos saben a tus besos
porque son un solo beso,
interminable y gentil,
lento y en silencio,
con los ojos abiertos
para vernos por dentro.

Nuestro beso
tiene un profundo hueco
que hay que llenarlo pronto
no sea que se le sequen los huesos

Mis besos saben a tus besos
y muero en vida
por no beberlos.

?Dame pronto, amor,tus besos!
que el sabor yo s? ponerlo.

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Publicado por elderbi1954 @ 21:48
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Martes, 21 de agosto de 2007

Ahora que me estoy acordando
voy a escribir un poema
sobre papel sepia, reciclado.
Que parezca una vieja foto,
de ?sas que en su pared colgando
nos remite a la pena
de otro tiempo pasado,
dentro de su marco roto.

Al fondo, luce una candileja
ama?ada por el retratista,
que conforma un escenario
difuminado de colores nublosos
y delante, posa una pareja
est?tica, mirando sin vista,
sonriendo el abecedario
para poder salir hermosos.

El pretende ser sincero
pero calla, no dice nada,
bien plantado con su sombrero
y de su brazo, la amada,
bien asido, con elegancia.
Yo les miro a los ojos
y les capto una sustancia
como de luz apagada.
Ya no disponen del amor
porque lo tienen fr?o
y a m?s que se lo propongan
es seguro que ni dispongan
de su antig?o amor?o.
As? que aprovecho la ocasi?n
para guardar en un caj?n
el cuadro, que para eso es m?o.

La amaba como un desesperado
pero se me reventaron las venas
de tanto dolor soportado
y para mayor peso a mis cadenas
tambi?n perd? la mirada,
la palabra, el lecho amado,
la sonrisa y el dinero.
Los esfuerzos me gastaron la vida.
Por mas que lo hube intentado,
todo ca?a en saco roto
y no sirvieron para nada,
s?lo para salir en una foto
que luce en un caj?n guardada.


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Publicado por elderbi1954 @ 3:14
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Mi?rcoles, 15 de agosto de 2007



?? Maldito seas, amor, que me asesinas !!
?? Que se ti?an de muerte las aceras !!
?? Poned luto a las nubes !!
?? Convi?rtanse los d?as en un sepulcro !!

****

Cuando en la medianoche
resuene por las callejuelas
los sones de un orquestina
con m?sica maravillosa
y grandes voces,
si entonces tu suerte declina
y los planes de tu vida yerran,
no llores vanamente.

Como hombre preparado
desde siempre y, s?lo entonces,
abre tu coraz?n ajado
y como un valiente,
d? adios a tu amada
que se aleja impasible.
No te enga?es,
no te aferres a ?se sue?o,
no aceptes vanas esperanzas.

Ac?rcate con paso firme
a la ventana
y escucha con emoci?n,
como ?ltimo placer,
los maravillosos sones
de la serenata misteriosa
y d? adi?s a la amada
que pierdes para siempre.

****

Es menester que cumplamos
el aprendizaje del dolor
aunque sea entre risas fingidas.
y acaso sea ?ste del luto
en todas las cosas humanas
lo cu?l es como decir
el humano desprop?sito.
?Qu? otra cosa es ?sta carga
que hoy lloro por ti?

Te?imos con colores de tiniebla
los diamantes que atesora la memoria,
y ya no s? si la memoria es un bien
que nos ayuda a sobrevivir
o una estratagema forjada
por nuestra propia debilidad.

? Que ella convierta en pl?cido recuerdo
lo que fue el alboroto de la pasi?n!
Pues vivir viendo brillar
nuestros diamantes, d?a tras d?a,
a?o tras a?o, ser?a muerte peor,
por repetida.

?Porqu? malgastamos
aquellos instantes del pasado?
Seguro es que nos arrepentiremos
del tiempo que dejamos escapar.

Tiempo es un dios menor
que concede plazos
y el que nos da para el amor,
debe cumplirse de inmediato
ante la espera inexorable
del imperio del olvido.

Puedo quedar encerrado en mi llanto
durante los a?os
que dure ?sta enfermedad.
Puedo morir en vida,
pero esto no ser?a luto
sino resignaci?n:
? el ?nico sentimiento
que jam?s me permitir?a!.

No intentar? adelantar
los decretos del tiempo
pues s? que ?ste tiene su l?gica,
pero guardar? el dolor para mis noches.

Los d?as est?n llenos de actividades
que el mundo supone a mi grandeza.
Consagrar? mis ocios al estudio y a la lectura,
como no se ha hecho jam?s.
Tomar? las grandes verdades de la vida
para desentra?arlas hasta sus or?genes
y ser? tanta mi actividad
que nadie podr? sospechar que sufro.

****

Retazos de amor dispersos
de todo cuanto el tiempo
arrastr? sin remedio
hacia los yermos del olvido.
Retazos de amor dispersos
que al cerrar los ojos,
al apretarlos con todas las fuerzas
de un recuerdo imborrable,
me trasporta de nuevo al sue?o perdido.

Con un dolor inmenso y angustioso
se tambalea mi existencia
en su camino hacia el olvido,
mientras incansables,
me miran tus ojos profundos,
me besan tus labios ardientes
y me acaricia tu piel suave,
disfrut?ndote entera, casi real,
entregando tu majestad
a los c?lidos rayos
del primer sol de la ma?ana.

A s?, en tu voz,
vuelve a aparecer
la coqueter?a de un ave del para?so
que me enloquece.

Ni tu cuerpo ni el m?o,
gozan de ?stos encuentros.
Nuestros cerebros est?n
demasiado acostumbrados a la agon?a.
Adem?s, quiero que mi vida transcurra
sin tener que morirme a cada instante
y para ello s?lo hay un medio,
alejar el amor de mis caminos.

Cada uno no puede ser m?s de lo que es
al margen del sue?o imposible que lo gu?a.
Mientras, con el alma partida,
espero en luto de amor,
que el tiempo me concede,
hasta que bajes de mi sue?o
o muera yo para siempre.


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Publicado por elderbi1954 @ 19:28
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S?bado, 04 de agosto de 2007


Procuremos tropezar
con la docta ignorancia
de los dominantes y ah?tos,
de los qu?micos del catre,
de los carniceros, carteros...

Renovemos la cal de nuestros huesos
y adentr?monos en los ascensores
que huelen a tertulia y a caverna
-horizonte de ciudad insaciable-
para calmar as?
nuestra vocaci?n errante
y la vocaci?n del ?ntimo seno.

Rompe tu error nativo y viaja
sobre el rengl?n cargado de optimismo
-aposento de baldosas desgastadas-
para atrapar la vez de tu escondite.

Corta con tijeras amigas
las tripas del colch?n,
del visillo y del rostro inesperado.
Vete al ?ltimo rinc?n
donde posan, blancas, sus r?fagas
los setos de laureles
y las mieles de tu espino.

Desentumece tu estar vivo
y husmea en la interperie
del mirlo activo
y la p?cara mejilla con lunares.

Recuenta tus gl?bulos afines
y disponte, como perro
que ha perdido su hocico,
a calmar las agujetas
punzantes del infinito.

?Escupe en las fachadas!
-cruceros de piedra gris-

Tus piedras se mueren derretidas
por aires abominables y calenturas
rabiosas y ?speras,
sin dejar huellas digitales,
ni oraciones, ni bicicletas.

Rec?tate un centimetro c?nico
de mechones de oro,
ensortijados sin peligro de aborto
y mide tu felicidad contaminada.

Vete donde sangran
los rabos malogrados
y juega con tus par?sitos
sin el menor perjuicio
y all? roe el hueso
que aqu? no puedes.

El v?mito te parecer? un dulce n?ctar
de haberte quedado l?mpio
volando mil horas cont?nuas
que es lo que dura el viaje
desde la congruencia hasta el destino.


Tags: Poesía y Literatura

Publicado por elderbi1954 @ 11:10
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Son? la hora SIEMPRE,
la hora CERO.
La hora triste
ha sonado de nuevo.

Las agujas de la VIDA
marcan las SIEMPRE en punto
-se nubla el cielo
y el pensamiento-

Miedo
? Inter?s
?Silencio
?? Tragedia
??? ? Esperanza
? Rebeli?n
? Incierto
???????????? Oh, dulce miedo!

Son las mismas andanzas.
Ma?ana sonar?n de nuevo,
mientras nuestra almohada
nos vela el sue?o.

Cuando suenen las HOY menos AYER
estaremos en las SIEMPRE pasadas.

-No se despierta el muerto-

Repaso de rosarios y quejas,
lamentos hondos,
suspiros entra?ables
...y la ma?ana lastimera
hundir? en nuestro pecho
el consuelo y el sable.

Somos horas,
lo hemos sido siempre.
Pendientes, nos llega la vida
y pendientes nos llega la muerte.




-Al inefable amigo que tengo, del cu?l me es imposible traducir en un papel lo que siento. S?lo s? que era un ser paralelo a m? y la tristeza de su desaparici?n me conmueve profundamente.
Si es posible que a?n exista alguna comunicaci?n debo darle las gracias por su maravillosa sensibilidad y por el intransferible sentimiento que ha dejado en m?-


Tags: Poesía y Literatura

Publicado por elderbi1954 @ 10:45
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Jueves, 26 de julio de 2007

Ya empezamos a cansarnos de tanta patra?a.
?Basta ya de sociedades sin?nimas agrupadas!

S?lo ES una cosa: T?. Lo dem?s es puro montaje. Toda la energ?a que act?e sobre t?, es la ?nica verdad. Cada halo es distinto, pero la energ?a madre n?.

Empezamos desde ahora a gritar mas alto, porque estamos viviendo. Empezar a vivir es terminar de conocer nuestra muerte. Es salir de nuestra c?rcel cerebral sistematizada, es liberarse de los grilletes electr?filos acaramelados y recorrer el submundo, sin miedo a encontrarse consigo mismo.

?Corre, vuela, huye,
-el tiempo te destruye-
cabalga, trepa, corta,
rompe los cristales de tu ventana
para que sea tu puerta.

F?, canci?n de juventud.
Dos que pasean por el parque
y se apaga la luz.

Tu cara, ya muerta
est? sin cristales
y en las sombras, los ojales
de la calle desierta.

La vida te atora:
?Lanza lejos tus cadenas,
lleg? la hora!

Cambia, imita, conquista
besa tu boca,
casca tu lengua
cierra los ojos... y te ahogas.

Vuela alto, m?s alto,
m?s alto todavia.
Gusta morirse un poco vivo
pero harto.

?Grita! ?Grita!
?Vuela! ?Abre tus alas!
(...Ya vol?)


Tags: poesía y literatura

Publicado por elderbi1954 @ 22:19
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